Si bien no hay demasiadas evidencias de presencia aborigen en la zona de El Chaltén, la mitología tehuelche cuenta que el joven Elal, huyendo de las iras de su padre, llegó a la cúspide de un cerro a lomo de Kellfü, un cisne. Después, demoró cuatro días en descender. En el trayecto fue atacado por Shie y Kokesne, espíritus de la nieve y el frío, los ahuyentó con el fuego creado al golpear los pedernales. Venció con ingenio todas las dificultades que se le presentaron, hasta llegar al pie de la montaña. Allí lo recogió un grupo de hospitalarios tehuelches con los que convivió hasta convertirse en un hombre.
En agradecimiento, les enseñó el uso del arco y la flecha y la forma de encender el fuego. Desde entonces, ese hermoso cerro se llamó Chaltén o "montaña que humea", por el efecto que producen los vientos al empujar las nubes, y fue considerada sagrada por los tehuelches.
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