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El Perito Francisco Pascasio Moreno (1852-1919)

 

 

Naturalista, caminante, aventurero, científico, escritor, geógrafo, fotógrafo, perito en límites, diplomático, diputado, educador y filántropo.
Estas fueron algunas de las actividades desarrolladas por este hombre nacido en Buenos Aires el 31 de Mayo de 1852.
Desde niño demostró su pasión por la naturaleza. A los quince años tuvo una colección tan importante de restos óseos y fósiles que motivaron la visita del entonces presidente Sarmiento.
Con 21 años, decide embarcarse para la Patagonia. Allí se habitúa a viajar con el equipo mínimo indispensable: un bolso para recoger huesos o fósiles, un cuaderno de notas, un poncho y un revólver.
Se relaciona en bien con los habitantes de la tierra y comenzará una larga historia con los caciques Saihueque, Foyel e Inacayal, que lo respetaron por su coraje y conocimiento.
Con el objetivo de cruzar a Chile por la Patagonia Norte y con 23 años, Moreno regresa al Sur.
A los 24 años, se embarca en la goleta Santa Cruz, con la intención de remontar el río Santa Cruz. Cuando llegan a la desembocadura del mismo, se produce el encuentro de dos personalidades clave para la historia de Patagonia: Francisco Moreno y Luis Piedrabuena.
Estos exploradores, remontaron el río Santa Cruz llevando “a la sirga” (es decir remolcándolo desde la orilla con caballos) un velero para navegar el lago que, un mes después y al llegar, denominó Argentino.
Esto ocurrió a partir del 15 de Enero de 1877 y  29 días más tarde llegó al Lago Argentino, el 13 de Febrero.
Moreno viaja desde el lago Argentino hacia el Norte a caballo. Identifica el río que desagua en este y supone que está originado en el lago Viedma.
El 27 de febrero llega al lago que bautizará “San Martín”. Cuando conoce el lugar, queda deslumbrado por lo que se presenta ante sus ojos. Allí, en el extremo Este del lago Viedma, confunde al cerro Fitz Roy con un volcán, apoyado por la observación del glaciar Viedma, donde conjetura que la morena central del mismo, es una acumulación de cenizas y también a que las nubes que lo rodeaban se asemejaban al humo y vapores que caracterizan a un volcán en actividad. Y escribe: “El volcán del cual tanto me han hablado los indios se distingue vagamente y conjeturo que la gran tormenta que ennegrece el lago en esa dirección puede ser de origen volcánico, pues el polvo tenue, imperceptible cae cerca de nosotros. Este volcán es la montaña más elevada de las que se ven en las inmediaciones y creo que su cono activo es uno de los más atrevidos del globo. Como este volcán activo no ha sido mencionado por navegantes ni viajeros, y como el nombre de Chaltén que le dan los indios lo aplican también a otras montañas, me permito llamarlo volcán Fitz Roy, como una muestra de la gratitud que los argentinos debemos a la memoria del sabio y enérgico almirante inglés que dio a conocer a la ciencia geográfica las costas de la América austral”.
En los momentos que toma la decisión de regresar al Sur, Moreno es atacado por una hembra de Puma. Tal vez confundida por el color de su poncho, se abalanza sobre su espalda en el momento que dejaba una botella con un mensaje destinado a los futuros visitantes. De milagro, el zarpazo lo hiere levemente, protegiéndose con el poncho y revoleando una brújula ...”como si fueran boleadoras”...
Por este hecho, Moreno bautiza al río como La Leona. Desde allí, retorna al lago Argentino, recorriendo por su margen sur hasta el paraje hoy conocido como Punta Bandera.
Tanto Burmeister, como Mitre y Sarmiento saben que Moreno se ha convertido en un gran científico y explorador con apenas veinticinco años de edad.
Viaja a Europa y comparte sus hallazgos con la sociedad científica del viejo mundo. A su regreso, en Buenos Aires, decide publicar en el diario La Nación, sus informes de las expediciones que había realizado y que se encontraban ocultas en el Ministerio del Interior desde 1880.
El impacto de las publicaciones es inmediato y el presidente de la nación, Julio A. Roca, reacciona de inmediato nombrándolo como perito argentino, máximo responsable argentino en las negociaciones con la vecina república de Chile por la cuestión de límites.
Allí demostró las mismas condiciones que como explorador: habilidad, astucia y energía, además de una gran dosis de paciencia y el notable conocimiento de toda la cordillera de los Andes.
Como parte de su trabajo, cruza a Chile para dialoga con los hombres de estado chilenos. Cruza a su manera, a lomo de mula por el paso de Uspallata, en Mendoza. Sin descanso, recorre la cordillera desde Bolivia hasta el sur patagónico, describiendo las líneas de cumbre y la de divisoria de aguas.
Argentina sostenía que el límite entre Argentina y Chile debía pasar por las altas cumbres. Chile, en cambio, por la divisoria de aguas. Hay muchos lagos, hoy argentinos, que desembocan en el Pacífico: los más cercanos y de Sur a Norte son: el San Martín, los siete lagos que integran la cuenca del Belgrano en el Parque Nacional Perito Moreno, el lago Posadas y el Buenos Aires. De haber triunfado la posición chilena, toda la región circundante a los lagos, sería chilena.
¿Cómo convenció Moreno al árbitro inglés de que la posición argentina era válida?
Moreno sostenía que los límites basados en cuencas podían ser con el tiempo modificados por la acción del hombre y su ya creciente tecnología, y en cambio, los basados en la línea de altas cumbres serían inmodificables. Siguiendo esta línea de pensamiento y con la energía y carácter que tenía, ordenó a su equipo a modificar a pala y trabajo el cauce de un río, el Fénix, cerca del lago Buenos Aires. Al hacerlo, convenció al árbitro inglés sir Thomas Holdich, fallando a favor de la posición argentina. En 1902, el rey Eduardo VII firma el laudo británico y sir Thomas Holdich reconoce que “todo lo que obtuvo la Argentina se debe a la tarea de Moreno”.
Gracias a su notable trabajo, el gobierno premia a Moreno con una extensión de terreno, que él elige en la zona del Nahuel Huapi. Nunca vuelve a las tierras que había elegido, pues en el mismo momento que las recibe, las devuelve para que sean destinadas a la creación de un parque nacional. En la carta de donación, fechada el 6 de Noviembre de 1903 y considerada la fecha de creación de nuestros parques nacionales, Moreno propone que sea destinado para la conservación de los procesos naturales, su investigación, y para que el hombre encuentre descanso en un ambiente natural.
En esos momentos, Moreno había fundado las primeras escuelas para niños pobres donde se les daba comida y educación.
Antes, había fundado el Museo de La Plata, el movimiento Scout, había sido diputado nacional y hombre público.
Cuando muere, Moreno no disponía ya de capital alguno. Lo había gastado en sus investigaciones, en sostener los hogares escuelas y en tantas obras para la comunidad.

 


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